Interesante reunión de primer nivel a la que hemos asistido, organizada por el Instituto de Consejeros-Administradores (IC-A), donde debatimos aspectos cruciales de gobierno corporativo, con la presencia de Juan Álvarez-Vijande, Director Ejecutivo del IC-A, José Luis del Valle Doblado y Alfredo Fernández Agras. 

Destacamos del debate la tendencia a la disminución de presidentes ejecutivos en el mundo según el Índice Spencer Stuart, así como las normas legales y recomendaciones cada vez más extendidas (por ejemplo los principios de buen gobierno del IC-A y el Código Rodríguez (2015)) que apuntan en este sentido. Esta Tendencia Global se afianza con las opiniones de grandes inversores institucionales (p.e. Norges Bank): quieren presidentes independientes. 

En general, la división de funciones en las empresas cotizadas resuelve el conflicto de interés entre el gobierno y la línea ejecutiva. Además, hay que destacar que para un buen gobierno corporativo es necesario estar alejado de la función ejecutiva del día a día.

Muchas veces, son los inversores institucionales quienes votan en contra de las prácticas de gobierno corporativo no adecuadas, asesorados por los Proxy Advisors. Según esta tendencia, se considera que en el futuro se valorará más la figura del presidente no ejecutivo y, por tanto, aspectos como su retribución. En general, se constata que el coste total de la dirección de la compañía es menor también cuando se dividen ambas funciones, porque el mayor conflicto de interés es la fijación del sueldo del Presidente ejecutivo.

Sin embargo, la separación de poderes puede no ser imprescindible cuando hay un grupo de control que puede corregir posibles acciones del Consejo en la Junta General. Por otro lado, la no limitación de tiempo en los mandatos en las cotizadas, más allá de dos, es algo que dificulta dicha labor de control. En cualquier caso, según el último informe de gobierno corporativo de la OCDE, 2/3 de las jurisdicciones obligan o recomiendan la separación, frente a la posición adoptada en 2015 por la CNMV.

Concluimos que la figura de presidente no ejecutivo en las sociedades cotizadas es una buena práctica con evidentes ventajas, no olvidando también que el primer ejecutivo debe participar en el Consejo para una adecuada transmisión de las decisiones en la compañía.

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